sábado, 3 de marzo de 2018

LA TABERNA DE INNSMOUTH Nº 1




por Vanessa Martínez Emma


La Taberna de Innsmouth Nº 1 es una publicación de CATHARTES EDICIONES del año 2017, editada en Arica, Chile, y diagramada por CATHARTES. Las ilustraciones y el diseño de portada a cargo de Alex Olivares.
            La Taberna de Innsmouth Nº 1 reúne a 26 microrrelatos, con 22 autores varones y 4 autoras. Del conjunto, nueve autores son de Colombia, Argentina, México y Perú. Siete escritores de Arica, y diez de distintas ciudades de Chile.
            Los micro cuentistas tienen un rango etario que va desde los 22 años la mayoría, y en menor número los que tienen más de 50 años, situación que destaca el carácter inclusivo de esta publicación.
             Cinco dibujantes, All Gore de Chillán, Cristián Cano de Buenos Aires, Argentina, Esteban Morales Calatayud de Arica Chile, Luis Naranjo de Antofagasta, Alex Olivares de Vallenar, y una ilustradora, Angélica Tapia de Santiago de Chile conforman el conjunto  de seis personas a cargo del material gráfico.
La óptima impresión del diseño de portada sobre fondo obscuro en el que resaltan personajes siniestros y títulos sugeridos, son anticipo de macabros relatos reunidos en este primer volumen que provoca su lectura.

BREVE HISTORIAL DEL MICRORRELATO

Desde los inicios de este milenio, y antes del fin del anterior, hemos asistido a la eclosión del microrrelato. Es posible señalar con propiedad que ha ido logrando el status que merece en los estudios literarios, por lo que podemos hablar con soltura de esta nueva “episteme”, este nuevo conocimiento, este nuevo saber que se va enriqueciendo a medida que se le cultiva más y mejor.
La minificción se caracteriza como tal desde los años 60, con auge en los 70 y los 80, y desde los 90 hasta nuestros días, estableciéndose el canon del microrrelato junto a la formalización de la estética pos moderna. Grosso modo, todo lo posmoderno es aquello que no se puede gobernar con reglas establecidas.
¿Qué entendemos por microcuento? Algunos autores prefieren decir microrrelatos porque el cuento se arma atendiendo leyes estrictas que le dan identidad. La palabra relato es más laxa, con una permisividad que le da el mismo lenguaje, esa arma blanca nunca inocente, como señala Juan Goytisolo. Este autor sostiene que el microrrelato se puede sostener en la palma de la mano, que tiene vida propia aunque conste de escasas líneas, y que en éstas, por muy exiguas que sean, pueden abrirse infinidad de mundos.
El armazón narrativo de La Taberna de Innsmouth Nº 1 responde a estos criterios. El volumen, en vez de infundir temor, ayudan a disipar las brumas del miedo, de la amenaza externa. De lo desconocido. Son microrrelatos que sacan al lector de la modorra y alertan de los peligros de andar dormidos por la vida.
De La Taberna de Innsmouth Nº 1 emanan los 26 microrrelatos aquí referidos, con diversidad de tratamientos aplicados por sus autores, los que depositaron en ellos una alta condensación semántica. En algunos son notorias las elipsis o supresión de datos para que sea el lector el que salve los vacíos de información. Las elipsis hacen que el relato se haga ambiguo a fin de que el lector “arme” lo que no se dice. Es el caso de Turno rotativo del colombiano Fabián Rueda Gutiérrez.
A otros relatos de La Taberna de Innsmouth los caracteriza la rotundidad por su final de impacto, de puñalada certera, por la súbita figuración conclusiva, como el relato Ellos, de Helen Garnica, del Perú.
Son de final súbito también:
Tradición familiar,  de Juan Jesús del Carmen, de Chile. Relato que suministra el cuento con elegancia y la parsimonia de un cuentagotas que deja caer una a una, pizcas de espanto.
Día de los difuntos, de la argentina Clara Gonorowsky. Una muestra de terror post morten, en un espacio del mundo onírico no convencional: aquí los muertos se permiten soñar.
El payaso Kuin, Kuin, Kuin, Kuin, una microficción de título onomatopéyico que suena a metal afilado. Cuando se dice que un microrrelato tiene un “final de puñalada”, un inevitable spoiler, es porque ha sido calculado para ese fin.
En este espacio se inscribe:
Cuero Viejo, de Diequ Alri, de San Felipe, Chile. Basado en el imaginario popular del sur chileno, parece, este breve y atroz relato, rico en descripción y sonidos onomatopéyicos de la insana deglución del cuero como entidad perversa.
La piedra con las marcas, de Cristián Salinas de Chile. Del imaginario mapuche, una muestra de una oscura deidad que puede vencer a la muerte.
El espectro negro, de Emilia Paz Salinas, de Santiago, Chile. El discurso crea realidades. El miedo también.
La bodega de la escuela, de José Araneda, de Arica Chile. Una historia de desaparecidos. Tal vez haya aquí una intra-historia. El imaginario explica el cómo de las ausencias. Pero de los desaparecidos de los que “nunca más se supo”, revela hechos históricos terribles de nuestro pasado reciente. Es una interpretación.
En todos los microrrelatos de terror mencionados, la muerte es tema que sustenta lo narrado, y surge como como acción unívoca al inicio o al término de la ficción. Como temática, es herramienta que hace pensar en qué instante y en qué lugar habrá de surgir, eficaz,  por la intención atroz de seres que palpitan, horribles, en la mente de quienes los han creado con el fin de atrapar al lector en la trampa sintética del texto. Así funcionan. Por la tensión que nos azota desde la, o las palabras iniciales. En Reapariciones, de Camilo Montecinos, la acción parte desde el comienzo:
— Lo mató hace siete años…en cinco palabras han transcurrido casi dos mil quinientos
            días desde que alguien, una mujer, en apariencia impune, cometió un asesinato.

   — …cansada de tantas humillaciones y golpizas… en seis palabras más un espacio temporal mucho más amplio da cuenta del porqué del crimen, y sitúa al lector en actitud favorable a la culpable de la muerte de su marido, o compañero.

El remate del microrrelato, seis palabras finales, manifiestan  las apariciones reiteradas del esposo a la hora que él acostumbraba a bañarse: justo a las seis en punto ¿Una situación imaginaria?... o quizás, esa alimaña de la culpa inserta en la conciencia que la devora, ad infinitum, en cada amanecer. El miedo instalado en tres líneas.
            Tenemos también los microrrelatos excéntricos que se alejan del centro establecido como lo convencional, excéntricos porque son ruptura de los moldes expresivos de su contenido.
En este ámbito destaca Kai Kai / Ten Ten, un texto reivindicador de identidad telúrica, de origen.
            Hiperbólicos y excéntricos son también los microrrelatos:
Un regalo inesperado, de Carlos Enrique Saldívar, de Lima, Perú, quien se remite al juego intertextual al incluir a Krampus, una criatura monstruosa que aparece en Navidad para  castigar a los niños que se portan mal.
Un lugar para descansar, de Gonzalo Fernández Bastías, de Concepción, Chile, es otro texto excéntrico, que acontece en un lugar no convencional, no conocido, en el que por desvíos periféricos, el protagonista satisface al final, la intención con la que se inicia el texto.
El palacio, de Jonathan Hernández, de México, otro texto excéntrico, cumple también con desvíos sucesivos de una realidad que presenta como placentera, para volverse, de inmediato, en sufrimiento y dolor. El remate final le da nombre a esa supuesta realidad.
Pesadilla, de Luis Toro Ossandón de Arica, resulta un texto fundacional con el juego paralelo de “lo soñado como real”.
Lo que pasó después del fulbito, de Oscar Calle Elescano, de Lima, Perú, se acopla como al texto anterior por su calidad de fundacional tétrico.
¿Fue una pesadilla?, de Servando Clemens, de México, es un texto desarrollado en el paralelismo de lo real y lo soñado.
Chacal, de Michael Rivera Marín, de Maipú, Chile, es un homenaje-parodia acerca de un crimen famoso en Chile. Hay un juego intertextual desde el paratexto (título), por asociación entre elementos conocidos y elementos de la tecnología de nuestros días, dando curso a una historia con nueva dirección, plena de ironía.
Las siete cabezas, de Indiano Lovera de Arica, Chile, es un texto paródico. Es una metáfora de la situación política y económica del país. Es una narración bisémica por la historia literal narrada, y la subyacente que se detecta de inmediato por la directa alusión.
El humor negro, la ironía, son elementos presentes en el corpus de La Taberna de Innsmouth, en el que hallamos cuentos de Navidad sustituyendo el discurso siempre bello y dulce que asociamos de inmediato al papa Noël o viejito pascuero, a los regalos bajo un árbol navideño, por otro que construye una realidad muy distinta. Los siguientes microrrelatos dan cuenta de la ruptura con el discurso habitual navideño:
El viejito del saco, de Fernando Gregorio Concha, de Curicó Chile.
El carbón, de Rodrigo Torres Quezada, de Santiago, Chile, plante un humor sardónico.
Un regalo inesperado, de Carlos Enrique Saldívar, de Lima, Perú, texto breve que también se inscribe en los cuentos navideños de horror.
Al humor negro, a las rupturas de realidades convencionales, un añadido de sexo y emprendimiento se manifiesta en el microrrelato:
  Cráneos de placer, de Julio Meza Díaz de Lima, Perú.
De todo el corpus de La Taberna de Innsmouth Nº 1 destaco, solo por inclinación personal, cuatro textos, todos de jóvenes autores de la ciudad de Arica, Chile. Comienzo  por los más breves:
En un ocaso, de Mattias Tello, apenas con dos líneas de texto. El autor logra la condensación  de un vasto universo de posibilidades en las tres palabras finales del relato. Hay aquí una sutil intertextualidad, un manejo de la evocación al prototiempo del arribo hispano a nuestra América, para concluir en ambigüedad, en el no saber el cómo del hundimiento ni  a quiénes refiere.
Reapariciones, de Camilo Montecinos de Arica, ya aludido antes, quien, en tres líneas nos sitúa en una ambigua realidad.
Echémosle la culpa al mandinga, dejó pasa’o a azufre y ni avisó, de Daniel Olcay Jeneral, de Arica, nos induce a una breve lectura de cinco líneas: de lo bueno, breve. La expresión de la maldad en su grado pleno de inocencia es manifiesta en esta minificción. Extraña combinación del amor filial y el mal. Un plus de inocente perversión, cabe aquí el oxímoron, en la última línea.
Padre Nuestro, de Esteban Morales Calatayud, un excelente texto  de narración verbo-icónica que resemantiza en una sucesión de viñetas, la oración cristiana secular. El paratexto del título que anuncia al relato, con apenas una notable variación da vuelco esclarecedor al conjunto. En el globo de la viñeta décima, en vez de solicitar…“no nos dejes caer en tentación”…el monje arrodillado suplica “déjanos caer en tentación”. Es el único cambio en la secuencia original. Este microrrelato visual, además de su función ideológica, es manifestación transgresora de lo convencional religioso cristiano, y presentada con criterio cinematográfico por el manejo del encuadre para distintos planos en un mismo espacio: plano general del personaje (el monje), planos de detalle los más, dos planos en picada  de la cruz siempre vista desde atrás. La totalidad la advertimos resemantizada, con fuerte carga de dramatismo. Las imágenes, contribución eficaz por la figura retórica de la alusión, nos refieren al Cristo crucificado que un plano panorámico desmiente con la efigie frontal de quien cuelga, sangrando en toda su fragilidad, de la cruz. Las cuatro palabras finales del Padre Nuestro, en tres íconos, cierran las secuencias mortales del monje, y de la oración religiosa transgredida, como ácida crítica a la simbología cristiana, la que sin desprenderse de este criterio pasa ser entendida también como expresión de violencia de género.
Los microrrelatos reunidos en La Taberna de Innsmouth Nº 1, revelan un mestizaje genérico por el reciclaje del material de sus construcciones, y por la heterogeneidad de sus textos. Hay destreza autoral en el manejo de la tensión y el misterio, y en el ajuste a la brevedad en cada procedimiento. Estas características  consagran al microrrelato como género fronterizo a otras formas narrativas y otros tipos de discurso. En este volumen, el terror hace la diferencia.
Todo posible lector, activo lector  de La Taberna de innsmouth Nº1, tiene ante sí una diversidad de imaginarios en los que actuará como co-partícipe y co-creador para disfrutar, con intensidad, de su inquieta lectura.

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